Vendredi 16 décembre 2005
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Un mes tras los primeros actos de violencia en la periferia de las grandes ciudades francesas, el respaldo al líder xenófobo ha aumentado cinco puntos en varios sondeos
"Inmigración, explosión de los suburbios… ¡Le Pen ya lo había dicho!”. Con este mensaje de acogida, la web del Frente Nacional (FN), el primer partido de la extrema derecha xenófoba francesa, pretende convertir a su presidente Jean-Marie Le Pen en el profeta de la violencia en los suburbios de las grandes ciudades francesas. Los sondeos de los principales institutos observan un aumento de la popularidad de Le Pen. Según el instituto CSA, un 20% se siente “a menudo de acuerdo” con las ideas del Frente Nacional, una marca sólo alcanzada una vez y que supera en un punto porcentual la cifra de abril de 2002, cuando Le Pen se clasificó para la segunda vuelta de la elección presidencial. Los sondeos de Ipsos registran en noviembre de 2005 un 21% de opiniones favorables, lo que representa un aumento relativo de un tercio respecto al mes anterior. Por fín, Sofres concluyó el 14 de diciembre pasado que sólo el 39% de los franceses consideran "inaceptables" las ideas de Le Pen, cinco puntos menos que en 2004.
En Francia no se oye mucho al viejo nacionalista de 77 años. “No tiene ninguna necesidad de hablar. Después de las violencias, sólo tiene que montarse en la ola de opinión. Es muy hábil para ello”. Pascal Perrineau, profesor en Sciences Po París (una prestigiosa escuela de ciencias políticas) y autor de varias obras de referencia sobre la extrema derecha en Francia y en Europa es el mayor especialista del Frente Nacional. Constata muy a su pesar la actualidad del discurso de Le Pen: “Es verdad que lleva 15 años diciendo que los suburbios van a explotar. Y han explotado. Ha tenido razón antes que los otros. Da la impresión de que sus fantasías se han hecho realidad. Es terrible”.
En su domicilio de Saint-Cloud, un rico suburbio parisiense, Jean-Marie Le Pen no esconde su optimismo. “Recibimos decenas de miles de correos que nos dicen que tenemos razón. Si los sondeos fueran publicados, se vería que soy el candidato en cabeza. Todos los politólogos admiten que, a día de hoy, estaré en la segunda vuelta de la elección presidencial”.
Jean Peteaux, docente en Sciences Po Burdeos, reconoce que, “en las circunstancias actuales, nada impide imaginar una repetición de 2002, e incluso que Le Pen salga primero de la primera vuelta”. En 2002, el líder del Frente Nacional llegó a la segunda vuelta con el 17,19% de los votos, es decir, 194.000 más que el candidato siguiente, el socialista Lionel Jospin, desde entonces retirado de la vida política. “En 2007, puede perfectamente haber una situación con 15 o 20 candidatos [en 2002, hubo 16]” calcula Peteaux. Y la dispersión de los votos favorece matemáticamente a los aspirantes como Le Pen. “La dispersión es hoy considerable. En 1965, los dos primeros candidatos, de Gaulle y Mitterrand, concentraban el 75% de los votos de la primera vuelta. En 2002, Chirac y Le Pen sólo agruparon el 38%”.
Nuevos competidores
Con todo, 2007 no será 2002. Le Pen se enfrentará a dos nuevos competidores. El político ultra-conservador Philippe de Villiers ha desarrollado desde el referéndum sobre la Constitución europea un discurso xenófobo sobre la “islamización” de Francia y la llegada de una “república islámica”. Para Nonna Mayer, autora de Esos franceses que votan FN, Villiers es “un competidor directo que intentará recuperar el electorado derechista tradicional y católico de Le Pen. Desarrolla una imagen dura, pero respetable. No tiene el mismo pasado que Le Pen, y nunca cometerá ningún desliz sobre la II Guerra Mundial”. La competencia de otro rival, Nicolas Sarkozy, será más indirecta, pero puede que más eficaz. La voluntad del popular ministro de Interior de “limpiar” los suburbios, el calificativo de “chusma” que dirige a determinados jóvenes de los suburbios y su deseo de encarnar una derecha “sin complejos” pueden atraer a los electores de derechas que consideran que la Unión por un Movimiento Popular (UMP, el principal partido de centroderecha, creado por Chirac y presidido por Sarkozy) se ha centrado excesivamente. Para Perrineau, “Sarkozy es un elemento nuevo. No es una mera copia de Le Pen. Fue muy duro contra él en los debates en la televisión. Pero tiene un estilo, una temática sobre la seguridad que compiten con Le Pen. Evita los excesos autoritarios de Le Pen, e introduce un elemento nuevo que puede seducir a los electores del Frente Nacional”.
El dirigente frentista tiene un argumento preparado contra los que considera sus imitadores: “los franceses siempre prefieren el original antes que la copia”. Le Pen no cree que los desilusionados de la derecha que se pasaron al FN quieran volver a la UMP “sin complejos” de Sarkozy, aunque no ofrece ninguna explicación para justificar este sentimiento. En cuanto a Villiers, “es un perro ojeador al servicio de Chirac: capta a algunos de mis electores potenciales y los entrega al señor Chirac”. Le Pen recuerda que el pequeño partido de Villiers, el Movimiento Para Francia (MPF), aunque independiente de la UMP, siempre se ha proclamado “parte” de la mayoría gubernamental de Chirac. Y concluye utilizando un término inventado por Perrineau: “La lepenización de los espíritus no me quita votos, sino todo lo contrario”.
Las ideas lepenistas tienen mucho eco cuando se trata de diagnosticar una crisis y de designar a la “inmigración masiva” como responsable de todos los problemas de Francia. Pero se difunden mucho menos las propuestas de Le Pen, que son a menudo irrealistas. Tras los actos de violencia callejera, el líder de la extrema derecha reclamó por ejemplo la “expulsión” de sus protagonistas. Pero el 80% de ellos, nacidos en Francia, son franceses, así que no se les puede mandar a ningún otro país. A raíz de la regularización de los inmigrantes por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, Le Pen reclamó el cierre de las fronteras, explicando que los trabajadores recién legalizados en España iban a ir a Francia “atraídos por una mejor situación económica y social”. Este periodista tuvo que informarle que el desempleo en España es inferior al de Francia.
500 firmas
Le Pen todavía no tiene garantizada la posibilidad de presentar su candidatura a la elección presidencial. Casi nadie en Francia se plantea en serio ilegalizar a un partido que agrupa entre un 10 y un 20% de los votantes, pero sí existe un requisito jurídico que pretende evitar la multiplicación de las candidaturas: para presentarse a la elección, un candidato tiene que recibir el visto bueno de 500 ediles. Aunque no se trata ni de un apoyo ni de una promesa de voto, es difícil encontrar alcaldes no frentistas que acepten ver su apellido publicado en el boletín oficial al lado del de Le Pen. En 2002, Le Pen tuvo dificultades para recoger las 500 firmas y denunció el “escándalo” de una hipotética imposibilidad legal de presentarse.
Puede que en 2007, un año antes de las elecciones municipales, sea aún más difícil para Le Pen convencer a los alcaldes de que le permitan presentarse. Según Peteaux, “Hay dudas reales en cuanto a las firmas. Se sabe hoy que en 2002 fueron alcaldes socialistas los que permitieron a Le Pen presentarse, pensando que así podrían quitar votos a Chirac. Después de la derrota de los socialistas en 2002, aquellos no volverán a firmar. Incluso se puede imaginar un pacto entre caballeros entre la UMP y el PS [el Partido Socialista] para boicotear a Le Pen y apartarle de la carrera presidencial”. Los dos primeros partidos franceses tienen un año para resolver un dilema democrático: prohibir de hecho una candidatura que seduce a un 15% de los votantes impidiendo por sus influencias que obtenga sus firmas, o arriesgar la vergüenza de una nueva presencia del candidato xenófobo en la segunda vuelta de la máxima elección nacional.